jueves, 12 de marzo de 2020

ITALIA, UN ABRAZO A LA DISTANCIA

No sabía realmente cómo titular esta entrada de mi blog, al que he vuelto luego de algunos años. Lo último que escribí justamente era sobre el retorno de mi pequeña sobrina Arianna a su bella Italia. Este país desde hace más de una década ya forma parte de mí, porque precisamente una parte de mi vida se encuentra allá. Mi hermana menor, Bertha, partió junto a muchas de sus amigas enfermeras desde Arequipa al viejo continente para trabajar en una de las profesiones más nobles que puede existir, y justo hoy, cuando atravesamos uno de los momentos más duros de nuestra historia como humanidad, ellas, las enfermeras peruanas junto a otras venidas de distintos países y junto a los médicos, se han convertido en ángeles que están luchando valientemente contra el coronavirus en los hospitales italianos, como lo muestra esta bella ilustración de Franco Rivolli.
El primer ministro Giusseppe Conte ha salido al frente de los italianos y les ha dicho: "Restiamo distanti oggi per abbracciarci domani" (Mantengamos la distancia hoy para poder abrazarnos mañana). Estas palabras además de profundas, resultan muy oportunas en estos momentos en nuestro país, donde el virus ha comenzado también a propagarse. Volvamos a abrazarnos cuando este mal haya pasado, mientras tanto sigamos todas las instrucciones que nos vienen dando las instituciones sanitarias y educativas como, por ejemplo, lavarnos las manos correctamente. Cuidémonos a nosotros mismos y cuidemos a nuestros seres queridos, así también estamos cuidando a nuestro prójimo.
Desde aquí, a la distancia, yo abrazo a mi hermana Bertha y a toda su gran familia, y con ellos a todo Italia. Esa tierra maravillosa pronto renacerá y expandirá nuevamente su legado cultural de siglos y siglos de historia, y Arianna también volverá a darme un infinito y tierno abrazo luego de su largo y ansiado viaje al otro lado del Atlántico de la mano de sus amados padres.

lunes, 1 de enero de 2018

HASTA LUEGO

La pequeña Arianna llegó desde tierras lejanas. Atravesó el Atlántico, sobrevoló el país materno y aterrizó en la ciudad de los volcanes. Su sonrisa inundó mi casa de alegría y me confesó sus secretos en la lengua que aún no entiendo del todo, aunque ella se esforzó en enseñarme las palabras más bellas cuando la llevaba de la mano en nuestros paseos matinales: "Andiamo a casa".  Sus tres añitos me han devuelto a la pequeña Marianné que también me tomaba de la mano para recorrer el mundo con ella.
Ahora las dos han alzado el vuelo a otros hemisferios. En casa hemos cuidado para que sus alas no se detengan por el cansancio ni los vientos adversos. Mi corazón va con ellas surcando otros lugares y el recuerdo de sus risas me llegan como ecos en este primer día del año pájaro, del año árbol, del año cielo.

lunes, 2 de enero de 2017

DESAYUNO CON AUDRY HEPBURN

Este año casi todos mis desayunos serán con Audry Hepburn, la famosa actriz de Breakfast at Tiffany´s. Doce fotografías suyas en blanco y negro forman parte de mi calendario, que compré hace algunos meses en la librería Dussmann cuando paseaba a lo largo de Postdamer Platz en Berlín. Inicialmente pensé que podría ser un lindo souvenir de ese viaje, pero luego caí en la cuenta que de alemán solo llevaba los meses escritos en ese idioma, así que decidí quedármelo y estrenarlo el primer día de 2017. Eso hice ayer. Lo colgué en la pared frente a la mesa del comedor. Pasé un buen tiempo con la mirada perdida en el almanaque y con un café caliente entre mis manos. Hace tiempo había leído la novela de Truman Capote y también había visto la película basada en el libro. Ambas actividades las había hecho con mucho placer, pero en ese momento de la mañana no me despertaron mayor interés ni siquiera la bella imagen de Audry; en cambio los números que formaban parte de cada mes sí me atraparon con su enigma. Pensar que cada uno de ellos representan el tiempo: los días, las semanas, los meses, el año completo; y encierran nuestras existencias, lo que pasó y lo que vendrá, pero el presente, ese instante mismo en que nos detenemos a aspirar el olor de una flor, resulta imposible capturarlo en un número, para eso están las palabras. Escribo en el preciso instante en que el universo me expulsa de sus confines. Pero las palabras a veces también se pierden en la nebulosa. La hoja en blanco. Mis ojos vuelven a la imagen de Audry. Su sonrisa se parece a la de la Monalisa. Siento que el universo me da de nuevo la bienvenida.

sábado, 24 de diciembre de 2016

MI ARBOLITO DE TLALPUJAHUA

Para mí esta Navidad comenzó en setiembre, en Tlalpujahua, camino a Morelia en México. Íbamos en auto con Marianné y David para encontrarnos con Lupita en esa ciudad colonial que se parece tanto a Arequipa. Habíamos partido en la madrugada desde la capital mexicana. Al cabo de un par de horas estábamos en medio de unas montañas verdes con fondo intensamente azul, como es casi todo el bello paisaje michoacano, lleno de lagos. Mientras ascendíamos por la pendiente de la carretera que nos llevaba al pueblo, podíamos ver las esculturas de piedra que los artesanos hacían en sus propias casas. Sin duda, Tlalpujahua era un lugar que con su arte se enfrentó sin miedo a las garras de las mafias de los narcos. Al llegar a la plaza, recorrer sus calles antiguas y apreciar desde el mirador del patio de su iglesia toda la belleza de este pueblo mágico, en ese momento me sentí intensamente feliz. Era una felicidad que recién comenzaba. Justo ese día se festejaba la Independencia. Todo el pueblo estaba decorado de verde, rojo y blanco, los colores de su bandera.

Como no habíamos desayunado, fuimos al mercado. Esa mañana soleada nos rendimos ante la deliciosa gastronomía mexicana: mole con guajolote y tortillas de maíz, las mejores que he probado en México. Mi boca saboreaba los chiles y las diversas especias que formaban parte del mole, mientras David nos explicaba cómo lo preparaban en distintas partes del país, pero que el mejor mole del mundo lo hacía la mamá de Lupita, su amada esposa. No podía faltar una taza de café mexicano, cuyo aroma se mezclaba con la magia del ambiente.

Después llegó el momento de conocer a los hacedores de esferas que hacen que todo el año sea Navidad en  el municipio de Tlalpujahua. Visitamos varias tiendas que ofrecían esos delicados objetos que ponemos en diciembre en nuestros árboles navideños, y también otros adornos que los artesanos moldean con su talento e imaginación. Nos permitieron ingresar a los talleres donde los artesanos trabajan el vidrio. Con su soplido crean mundos, luego los pintan con colores de la vida y todo el universo navideño. La fragilidad de estos objetos contrastan con la dureza que significa hacerlos en especial para la salud de las personas cuyo sustento depende de cuántas esferas hayan hecho durante el día.
Yo encontré este arbolito en un taller de Tlalpujahua y me lo he traído hasta Arequipa en un largo viaje. Lo he plantado en mi corazón y ya ha echado raíces profundas. Sus adornos son recuerdos cual esferas que brillan en la noche. En lo alto tiene una estrella que lleva grabados los nombres de Marianné, Lupita y David, que revolotean alrededor de mi árbol como las mariposas monarca de Michoacán, cuya poesía solo Neruda la pudo expresar y que Gael García revivió al inaugurar el Festival de Cine de Morelia: "¡Qué difícil decir México en estos momentos, decir 'México quiere decir alegría'. Es como si comiéramos un poco de vidrio molido también al decirlo". Yo al decir México digo amistad infinita.

viernes, 11 de noviembre de 2016

SO LONG, DEAR LEONARD

"Mamá, ha muerto Leonard Cohen", me dijo ayer Marianné mientras yo intentaba conciliar el sueño. Que mi hija me haya transmitido esa triste noticia no me parecía una casualidad más del destino. Su nombre formaba parte de la canción que más he escuchado en mi vida: So long, MarianneLa escuché por primera vez de manera casual en un canal que estaba transmitiendo un concierto pasado que el cantante canadiense dio en London. La pantalla del televisor tenía un tono azulado y en el medio aparecía un hombre con un sombrero elegante que parecía danzar con su guitarra mientras le susurraba una canción con su voz enamorada. En ese entonces mi hija ya era casi una adolescente y obviamente su nombre era anterior a esa canción, pero escucharlo repetidamente en esa melodía era un regalo celestial.
Con el tiempo supe que Marianne Ihlen fue quien le inspiró a escribirla mientras vivían en una isla griega donde Leonard Cohen la conoció. El romance duró siete años, pero, sin duda, sobrepasó ese tiempo, porque cuando él se enteró que ella había muerto en julio de este año, el artista le dedicó estas palabras: "Bien, Marianne, hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extienden tu mano, creo que podrás tocar la mía. Ya sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría pero no necesito extenderme sobre ya que tú lo sabes. Solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Todo el amor, te veré por el camino".
Pienso en la muerte como un revés de la vida, un viaje que ha llegado a su estación final. El pasajero que transita por ahí decide si ha de dejar algo cuando le toque el momento de partir. Leonard Cohen nos legó su música y su poesía, producto de una vida intensamente vivida. Su último disco You want it darker incluye una canción titulada Traveling light, donde habla del viaje ligero que emprendió por la vida y de la que se despedía con su vieja guitarra.
En mi equipaje siempre he dejado un espacio para sus discos. Uno de ellos lo adquirí en México; otro, en Berlín. Pensaba que en mi siguiente viaje podría conseguir su última producción. Hace años, cuando andaba deslumbrada por las calles luminosas de Nueva York, vi un cartel que anunciaba un concierto pasado de Leonard Cohen, deseé con todo mi corazón que algún día lo vería en vivo; pero comprendo ahora que eso nunca será. Solo me queda escucharlo y decirle "So long, dear Leonard. Good  journey".


domingo, 6 de noviembre de 2016

K/C

Abrí la ventana de la casa antigua con techo de dos aguas, como todas las que habían en el centro de Praga. Se avizoraba la lluvia de verano. Yo sentí que era la lluvia de los más crudos inviernos americanos. Aún así imaginé que el Kastillo sería un lugar cálido porque el sol se ocultaba muy cerca de él. Deshabitado de reyes moravos, el recinto desde lejos parecía la perfecta inspiración del viejo Walt. Luego leí que en efecto lo era. Mirarlo con ojos de niño le sirvió a Disney para después construir otro mundo. Aunque yo nunca había visitado su castillo, al ver el otro Kastillo me sentí cerca de él . Sin embargo, había mucho más que este ofrecía al viajero que lo veía por primera vez.
Recorrer de noche un lugar que no se conoce no es lo más recomendable, pesaba en mí el consejo familiar, por eso decidí explorarlo al siguiente día. Quedaba la noche entera para terminar la novela de Franz. En algún momento debí sumergirme en el sueño. Una música extraña llegó a mis oídos. Sonidos aislados que parecían haberse salido de una matriz informática, con figuras en forma de píxeles, inundaron  despavoridamente mi mente, hasta formar la letra R. Una R que triplicaba mi tamaño natural estaba colocada frente a una casa blanca que tenía una puerta abierta. Una señora amablemente me dijo: "Bienvenida al mundo de K". Yo la seguí por el pasillo y luego subí unas gradas en forma de espiral que nunca terminaba. Cuando estaba a punto de desistir al ascenso, la señora se adelantó en decirme: "No ves la luz?, ya falta poco". Resuelta a no escucharla empecé a descender, pero la oscuridad era tal que me impedía pisar bien cada peldaño a medida que bajaba. Me bastó levantar la vista para ver de nuevo a la señora que desde lo alto me sonreía.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

EL KASTILLO DE FRANZ

Al fondo, al fondo estaba el Kastillo. Había llegado ahí despojada de todo. No tenía nombre ni país ni historia, pero estaba ahí a punto de cruzar el puente. Las aguas del Moldava fluían lentamente ese verano en contraste con la multitud de turistas que visitaban la bella Praga. La noche anterior había soñado con Franz. Hablamos un idioma que no era el alemán ni el checo, uno que matizaba perfectamente el silencio. Al despertar,  sus ojos grandes continuaban mirándome desde la ventana. Luego desapareció y comenzó la lluvia. Era el momento de ir a Malá Strana, caminar por el barrio judío y perderme inútilmente entre sus calles. Bastaba con levantar la vista para saber cuán cerca o lejos estaba de mi destino. Las horas transcurrían en el devenir de mis pasos. Al fin, cuando el sol se ocultó entre sus torres, decidí entrar al Kastillo. Ahí estaba Franz soñando el futuro.

lunes, 16 de mayo de 2016

LIBRETA DE VERANO

A lo largo de los años me he dado cuento que me estoy convirtiendo en una coleccionista. Cada viaje ha aumentado mis ganas de llenar mi casa de objetos traídos de distintas partes. Sin duda, los gatos y las libretas son los más frecuentes, sobre todo estas últimas que ocupan un espacio considerable en los estantes de mi biblioteca. Las tengo de distintos colores, tamaños y formas, y si las vemos desde el punto de vista del uso, unas están llenas de mis escritos y dibujos, y otras simplemente vacías. Muchas de ellas son regalos de amigos y familiares que conocen de mis gustos y manías.
Una de las libretas de viajes que elegí para llevarla conmigo a Europa, tenía una tapa negra con flores de colores vistosos y la foto del rostro de una niña. Me encantaba su tamaño y la facilidad con que entraba en cualquier bolso que llevaba. Lo primero que anoté en su primera página fue la fecha de ese viaje que comenzaba en España, donde me encontraría con mi hermana menor. Era setiembre de 2010. Algo de Madrid, La Mancha, Sevilla, Cádiz y Granada quedó plasmado en esa libreta. Lo que más recuerdo es el dibujo que me puse a hacer frente a La Alhambra. No soy dibujante profesional, pero en ese momento esa deslumbrante construcción árabe valía más en imágenes que  mil palabras. Lo mismo pasó con la torre Eiffel y los puentes de París; más bien cuando estuvimos recorriendo Versalles  no pude evitar sentarme a escribir cómo imaginaba a María Antonieta tratando de huir de la furia de los revolucionarios. Luego vino Italia, el país donde vivía mi hermana. El recorrido por Milán fue como saborear un delicioso gelato de fresa, y el tren hacia Venecia me hizo ver los paisajes más pintorescos que había visto hasta el momento. En todos esos días de viaje registré todo cuanto podía en mi libreta. Era mi diario de esos felices días de verano.
El fin de mi travesía coincidió con la última página que me quedaba para escribir en mi libreta. Recuerdo que estaba en la sala de embarque del aeropuerto, llenando presurosa unos formularios. Ya me había despedido de mi hermana y tuve que apurarme en subir al avión de regreso a mi país. Cuando logré sentarme en mi asiento junto a la ventana y respirar tranquila por no perder el vuelo,  pensé que era hora de escribir en la única hoja que me quedaba. Busqué mi libreta en mi cartera, pero nunca la encontré. Finalmente, el avión partió y se elevó entre las nubes, sentí que algo mío quedó en tierra.

jueves, 3 de diciembre de 2015

ORACIÓN PARA MI PADRE

Debo confesar que no aprendí a orar hasta muy tarde en mi vida. De niña rezaba de memoria los Padre Nuestros y las Ave Marías, también el credo y una que otra oración que aprendía en casa o en el colegio; pero realmente no sentía una verdadera conexión entre lo que repetía casi de manera mecánica y lo que significa Dios para mí. Quizá en ese tiempo solo ciertas canciones religiosas me trasladaban a un estado espiritual profundo, ya que podía percibir que de mí brotaba una alegría inmensa que solo el canto podía canalizar a pesar que nunca tuve una voz privilegiada. Luego crecí y dejé de cantar. Ha sido como un silencio largo que se ha acumulado a lo largo del tiempo. Quizá eso también explique el porqué de mi escritura. Ya no canto, es cierto, pero ahora escribo. De alguna forma, tal vez lo que me mueve a hacerlo es liberar ese silencio.
Ahora en silencio contemplo a mi padre, postrado en una cama de hospital. Su respiración es  tranquila como la brisa suave de esta mañana. Mientras él duerme, trato de imaginar sus sueños; en los míos lo veo siempre sonriendo. Levanto la vista y veo los volcanes a través de los cristales de la habitación. En la cima de ellos hay algo de nieve derretida y unas nubes dispersas en medio de un cielo azul. A sus faldas, la ciudad entera se moviliza este sábado hospitalario. La enfermera le ha conectado la vía intravenosa, y gota a gota el antibiótico penetra en su torrente sanguíneo. Pienso en un cuadro de Frida Kahlo aferrada a la vida a través de sondas que llegan hasta su corazón. Lleva varios días así. No muestra desesperación por salir del internamiento, él mismo dice que depende de los médicos.
Los días han sumado ya semanas.  Hoy es lunes, si no fuera por la agitación que siempre despierta ese día en todas las personas, parecería ser cualquier otro día. Continúan los antibióticos actuando sobre el cuerpo de mi padre. Las enfermeras y las técnicas me sonríen y me dicen que ha mejorado bastante. Todos los días durante su convalecencia mi padre se aproximaba a la imagen del Señor de los Milagros y rezaba algunos minutos. Las palabras de los mismos médicos eran fe y paciencia. Precisamente, eso aprendí a cultivar en los momentos de espera, ya que mientras ellos curaban las heridas de la operación de mi padre, sentía que a través de sus manos  se manifestaba Dios. Y con las horas, días y semanas la infección finalmente cedió. Sentí una sensación de paz. La vida poco a poco se iba restableciendo.  
Sin pensarlo este internamiento de mi padre, que ha sido de alguna forma también el mío, me ha servido como un retiro espiritual. He encontrado paz. En ese estado interior que hace tiempo no experimentaba, de cara a los volcanes admiro la creación. El cielo se abre a mis ojos como una luz intensa que me llena de una súbita alegría. Ahora comprendo que ese cielo protector siempre ha estado cuidándome por más que me haya extraviado varias veces en el camino. Recuerdo los versos de Neruda: “Salgo en este día lleno de volcanes, hacia la vida”. Mucho de divino tiene la poesía. Hoy iré del brazo de mi padre de regreso a casa: las palabras brotarán de mi corazón hacia ese cielo protector.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

JOYAS DE FIN DE AÑO

Hace unas semanas, una amiga me encargó una de las tareas más gratas que he realizado este fin de año: comprar libros de literatura para la Biblioteca de Humanidades. Así que hice mi feliz recorrido por las diversas librerías de la ciudad y aproveché la Feria del Libro que se realizó en Umacollo. Si bien no encontré las últimas novedades de los catálogos de las mejores editoriales que consulté en internet, mis hallazgos son bastante rescatables.
Entre las joyas que compré figuran una serie de autores que hace tiempo anhelaba leer y que espero les sirva a los estudiantes de literatura apenas regresen de sus vacaciones de verano. Así en la lista de nuevas adquisiciones para dicha Biblioteca ellos podrán encontrar "Crítica y ficción" de Ricardo Piglia, "Poses de fin de siglo" de Sylvia Molloy, "Arguedas-Vargas Llosa: dilemas y ensamblajes" de Mabel Moraña, "César Vallejo: la escritura del devenir" de Julio Ortega, "Curso de literatura europea" de Vladimir Nabokov, "Las ciudades invisibles" de Italo Calvino, "El imperio eres tú" de Javier Moro, "Autobiografía" de Chesterton, "Vidas imaginarias" y "El deseo de lo único. Teoría de la ficción" de Marcel Schwob, "Solo para mujeres" de Clarice Lispector, "Neguijón" de Fernando Iwasaki, "El cielo protector" de Paul Bowles, y un largo etcétera que se suman a los estantes de esta Biblioteca.
Una de las excelentes novelas que también figura en esa lista es "Libertad" del escritor norteamericano Jonathan Franzen. Sus casi setecientas páginas me envolvieron en una lectura placentera en sumo grado  a lo largo de los últimos días de este fin de semestre. Hace tiempo no leía una novela con final "feliz" a pesar del drama que atraviesan sus personajes. Escrito a manera de una autobiografía de la protagonista, la historia va más allá de lo personal, ya que se constituye en una crítica a la sociedad americana. Se abordan distintos temas, entre ellos la cuestión ambiental. La convincente lucha de un activista que se dedica a cuidar la naturaleza, y en especial a proteger a la reinita cerúlea, un ave en vías de extinción, es uno de los asuntos que alcanza mayor interés para el lector, ya que funciona como una gran metáfora.
Cuando termine el verano podré volver a tener esos libros entre manos, luego que los bibliotecarios los pongan a disposición de los estudiantes y profesores. Ya quiero que llegue esa fecha, mientras tanto me dedicaré a leer los libros que me traje de los viajes que hice este año por librerías mexicanas y chilenas. Las próximas vacaciones prometen mucho. Un cielo protector se avisora para el 2015.

lunes, 29 de septiembre de 2014

EL DÍA QUE ESCRIBÍ EN THE NEW YORK TIMES

Debí imaginar que viviría mi primera odisea en ese viaje al estado de  Nueva York que planeé por varios meses. ¿Acaso el nombre de Ithaca no me decía nada? La verdad es que  mi cabeza antes del viaje solo se resumía en tres letras: NYC. Lo mismo les pasaba a mis amigos con quienes acordamos encontrarnos en el terminal 1 del aeropuerto John F. Kennedy para luego partir juntos hacia Manhattan y  finalmente tomar el bus a Ithaca, ya que todos veníamos en vuelos distintos desde Perú.  A nadie se le ocurrió pensar que un aeropuerto es el lugar menos indicado para un encuentro, y más aún  teniendo en cuenta que es el JFK es el más transitado del mundo, ya que anualmente bordea los 50 millones de personas que lo circulan. Entre tantos viajeros, vuelos y maletas, nunca llegamos a encontrarnos, así  que solo con mi colega nos aventuramos en partir  luego de una espera de tres horas.
Llegamos cansadas y muy de noche al terminal de buses llamado Port Authority. En las calles parecían que no dejaban de circular los cerca de 9 millones de neoyorkinos que habitaban la Gran Manzana. Si bien ya me encontraba en pleno corazón de Manhattan, sentí de pronto que la cabeza de toda la ciudad estaba frente a mí. Y no me equivoqué. Levanté la vista hacia el imponente edificio de 52 pisos y pude leer las letras iluminadas del The New York Times. Comprendí de inmediato que estaba en el lugar donde a diario se reinventaba el mundo. El edificio  recién se había terminado de construir en el 2007, como respuesta a lo que pasó el 11 de setiembre. Su  inventor, un arquitecto  italiano llamado Renzo Piano, lo concibió “transparentemente”, donde todos puedan verse. Entonces me vi frente a la ventana de una de esas oficinas. Desde ahí podía divisar a los viajeros de todo el mundo que arribaban o partían de Port Authority. 
De pronto el llamado de mi amiga me sacó de mis cavilaciones. Me dijo que el próximo bus a Ithaca salía en un par de horas. Entonces me acomodé en una de las bancas del terminal a la espera del siguiente viaje. Saqué mi cuaderno azul de viajes y comenzé a escribir mi crónica del viaje. Entre sueños me vi escribiendo a través de esa ventana, y también vi la nueva portada del The New York Times. Ahí aparecía mi crónica y por supuesto mi nombre. Cuando desperté vi que mi amiga dormitaba profundamente, lo que no vi fue nuestro equipaje por ninguna parte.

viernes, 29 de agosto de 2014

DÍA DE LOS MUERTOS


Un amigo chileno me dijo que recorriera el Litoral de los poetas. Era 1º de noviembre, Día de los Muertos. Tomé un bus de Santiago a Isla Negra para llegar a la tumba de Pablo Neruda. No recuerdo bien cómo era el trayecto de la cordillera hacia el litoral, pero lo que no se me olvida es que cuando llegué y me dirigí a la casa del Nobel sentí que me invadió el aroma de su poesía, mezcla de cipreses y árboles leñosos que circundaban el camino. Luego, poco a poco fui divisando su casa-barco de madera frente al mar. Desde su tumba vi cómo las olas se estrellaban contra las peñas y algunos pájaros marinos mojaban su plumaje. Mi oración fue el silencio, pero el poeta me habló a través de esa naturaleza copiosa y húmeda. Ya era mediodía, aún tenía dos lugares adonde ir así que partí rumbo a Cartagena para visitar a Vicente Huidobro. Esta vez me perdí entre los cerros que había que subir. Felizmente, una pareja de jóvenes me señaló el camino correcto y al cabo de algunos minutos di con su sepulcro. Contemplé por un momento el panorama desértico que lo rodeaba, pero al fondo se veía el mar como rezaba parte de su epitafio. Después me dirigí a Las cruces, a la casa del antipoeta, pero Nicanor Parra estaba ausente. Él también había preferido vivir frente al mar, lejos de los ruidos de las ciudades, un lugar perfecto para crear sus artefactos poéticos.
Regresé casi de noche a Santiago. Me sentía feliz por ese peregrinaje poético. Desde mi ventanilla vi la ciudad iluminada. Recorrimos algunas comunas hasta llegar a Providencia. Cuando pasaba por la plaza Italia, vi que en el Teatro de la Universidad de Chile, el Coro Sinfónico de Francia iba a interpretar “Canto General”. Quinientas voces me devolvieron a Neruda. No hubo para mí mejor Día de los Muertos. Ahora mi amigo está muerto, se llamaba Aristóteles España y también era poeta. Creo que desde esa fecha no he vuelto al sur, pero pienso que siempre habrá motivos para regresar a Chile: en setiembre Nicanor Parra cumple 100 años, es un gran motivo para festejarlo frente al mar.

lunes, 3 de marzo de 2014

UN BLUES PARA WOODY

Recorrí todo Central Park de sur a norte con la esperanza de cruzarme en el camino con el gran Woody Allen. Estuve atenta a cada persona que tenía sus rasgos más característicos: su figura delgada, sus lentes gruesos, su cabellera revuelta. Leí en alguna revista que suele pasear en ese inmenso parque de Manhattan, pero no logré encontrármelo, También atravesé los puentes neoyorquinos que aparecen en sus películas, ni una señal; sin embargo, sentía que en alguna parte de Nueva York él estaba sentado en una banca o en un café escuchando una melodía de jazz.
He visto gran parte de su producción cinematográfica; he disfrutado y admirado Annie Hall, Manhattan y Hannah y sus hermanas, pero sin duda siento una mayor inclinación por sus más recientes películas, en especial  Medianoche en París, A Roma con amor, y ahora Blue Jasmine. Justamente ayer se entregó el Oscar como mejor actriz a Cate Blanchett por su protagonismo en Blue Jasmine, en ese rubro también estaba nominada mi siempre favorita actriz Meryl Streep por Agosto: condado de Osage, que aún no he visto. La noticia no dejó de alegrarme, pero hubiera querido también que esta película obtuviera el galardón por mejor guion, ya que el nominado era el mismo Woody Allen.
Debo confesar que sus películas me enseñaron a ver la vida con humor, en especial me enseñaron a reírme de mí misma y del dramatismo del amor. Quizá ninguna película como Melinda y Melinda plantea tan bien la cuestión de la comedia y la tragedia a partir de una misma historia; o cómo se siente perderlo todo después de haber disfrutado de una desmedida riqueza, tal como le sucede a la protagonista de Blue Jasmine, que vive su propia tragedia.
El éxito de esta última película no se ha visto opacada por el escándalo que ha surgido a partir de las acusaciones que ha hecho la propia hija de Woody Allen sobre un supuesto abuso sexual, que el cineasta ha negado rotundamente. En realidad, es un verdadero drama que ha causado dolor a muchas personas, incluidos las que admiramos el talento del director neoyorquino. Es duro para cualquier persona que en los últimos años de su vida sobrevengan acusaciones de este tipo por parte de quienes han compartido parte de su vida. Estoy segura que Woody está luchando actualmente contra ese dolor. Las heridas quedan en el alma y se desbordan en la mirada. Personalmente, nunca vi la vejez en su rostro, su humor y genialidad lo cubrían todo en la pantalla.

martes, 21 de enero de 2014

MÚSICA EN CENTRAL PARK

Es común encontrar a talentosos músicos cuando uno pasea por Central Park. Nadie puede ignorarlos porque sus melodías nos acompañan mientras recorremos los caminos bordeados de árboles o circundamos los pequeños lagos que reflejan los altísimos edificios de Manhattan.  En general, cuando uno piensa en Nueva York no puede obviar la música que se desprende de esa gran ciudad. Música en el metro, música en los cafés, música en las librerías, por supuesto, todo Broadway es música, ni qué decir de los clubes de jazz que abundan en la Gran Manzana.
Gracias a mi amiga Beth conocí Blue Note y un lugar acogedor en West Village llamado Arthur's Tavern, adonde regresé  un año después con unos amigos de mi universidad. Escuchar jazz ahí saboreando una cerveza artesanal es lo mejor que se puede pedir en una noche de verano neoyorkino. No fui al Lincoln Center ni al National Jazz Museum in Harlem. Ójala sean mis próximas visitas.

New York-Jazz son dos caras de la misma moneda. He aquí un excelente enlace para escuchar la magia de esa maravillosa improvisación musical:  www.jazzradio.com

martes, 31 de diciembre de 2013

domingo, 10 de noviembre de 2013

VENTANA DE MI FACULTAD

La tarde desde esta ventana tiene una belleza especial.  Contemplo extasiada la copa de esos árboles  con nidos de pájaros errantes. Sus ramas dibujan mil caminos que seguir en ese cielo siempre luminoso que me acompaña en la clase de ensayo. A menos de doscientos metros hay una avenida insoportable que contrasta con la paz que ofrece el parque de la Facultad, ahí Vallejo medita. Su mirada se pierde entre los árboles. Él no tiene una ventana, anda fuera, libre, a veces se extravía y lo encuentro apoyado en el tronco de un ciprés. No dice nada, sus versos lo dijeron todo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

CRÓNICA DESDE ITHACA. 4: JORGE Y GINA

Jorge y Gina son dos amigos peruanos que radican desde hace varias décadas en EEUU. Ellos viven en Ithaca, una hermosa ciudad cercana a la mítica y deslumbrante Nueva York. Cuando los conocí me sentí muy orgullosa de que mis compatriotas hayan logrado tener éxito en lugares tan lejanos de su tierra natal. A través de ellos pude conocer un poco más de la vida norteamericana, y lo mejor fue que me la mostraron desde sus propias vidas personales, así una no se siente extranjera en ninguna parte.
El punto de encuentro fue TC3, Dryden, donde pasé una de las temporadas más felices de mi vida. En este college pude compartir maravillosas experiencias con otros colegas de diferentes universidades latinoamericanas, pero sobre todo TC3 fue la ventana que me permitió apreciar la belleza de los paisajes americanos, sus bosques, lagos y variada fauna; y fue también la puerta para ingresar a la vida cultural de este país, cuya lengua más que un obstáculo para la comunicación fue el principal motivo para adentrarme en el mundo poético de Whitman o Poe.
Jorge tiene el encanto de la magia y por eso un día que nos llevó a recorrer los Finger Lakes, no me sorprendió que hablara animadamente con un mago al pie del lago y bajo la sombra de un hermoso árbol. Su energía es desbordante y la ha canalizado en importantes proyectos académicos que incluso han hecho posible que yo visite esos lejanos parajes donde el siglo pasado también transitaron escritores famosos como Vladimir Nabokov.

Gina lleva el arte en sus venas y se trasluce en su voz. Su canto es la melodía perfecta que complementa la belleza de las tardes ithaqueñas. Su casa que atesora una valiosa biblioteca y resguarda un piano que toca talentosamente su hijo mayor, nos acogió un domingo de fines de junio. La escuchamos cantar  el inolvidable "Adiós Nonino" y otras piezas de Piazzolla, mientras su gato dorado husmeaba desde alguna parte del jardín.

Hay personas con las que basta tener unos momentos para conocer la dimensión de su gran valía y contagiarnos de la maravillosa aventura de la vida: Eso es lo mejor que ofrecen los viajes.

sábado, 21 de septiembre de 2013

VI SICLA EN AREQUIPA

Han transcurrido algunos días desde que se llevó a cabo el VI Seminario Internacional de Identidad Cultural Latinoamericana denominado "El Ensayo Latinoamericano de los Premios Nobel y otros Centauros del Bicentenario" en los ambientes de la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa. Estas fotos evocan momentos difíciles de olvidar, es un pedazo de América Latina en Arequipa, que por unos días se convirtió en tierra de centauros.

viernes, 30 de agosto de 2013

CRÓNICA DESDE ITHACA. 3

Por qué la niebla me hacía tan feliz cuando atravesaba mi trayecto hacia el gimnasio a las seis de la mañana? Será que se cruzaban raudamente a mi paso ciervos y conejos salidos de los arbustos? o serán tal vez las aves que apostadas en las ramas de los árboles entonaban sus cantos del aura? No lo sé, es tan difícil buscar las razones de la felicidad cuando esta invade el corazón como una niebla repentina para respirar el aroma de la naturaleza que despierta a un nuevo día.