Nereida Apaza es una joven pintora arequipeña que ya ha obtenido varios premios en su trayectoria artística. Precisamente el año 2007 fue una de las ganadoras del concurso "Pasaporte para un artista" organizado por la Alianza Francesa a nivel nacional. El premio consistió en un viaje a Francia, una gran puerta de entrada para el viejo continente. Muchos escritores y artistas, como Mariátegui, han dicho que su mejor aprendizaje lo hicieron en Europa. No sé si ello también es válido para ella, pero sin duda ese viaje ha debido ser muy significativo en su formación.Producto de ese viaje es que ahora ella nos ofrece una exposición denominada "Levitaciones en París" en homenaje a su padre, el profesor Edgar Apaza Flores, quien falleció al poco tiempo que ella retornara de su viaje. El dolor por la pérdida de su progenitor y el vacío que significó su partida es lo que expresa en cada de los objetos que forman parte de su original muestra
Además de un políptico en acuarela y un tríptico con hilo, la artista plástica nos ofrece una escultura, un concreto armado, un cuaderno en técnica mixta y dos ensamblajes. Uno de estos últimos lleva el título "El pensamiento no sabe nada", que representa un tendedero con cinco secadores bordados que contienen diferentes textos escritos en París, Milano, Roma, Madrid y Arequipa. Debajo de ellos aparecen cinco lavadores con agua y una regadera blanca. Hay que lavar las penas del alma, parece ser el mensaje que nos quiere transmitir la artista. Con sus propias manos ella ha bordado las palabras: "Esa muerte individual / se alimenta de la verdad/ entonces/ comprendí ese dolor del cuerpo/ del corazón libre/ la gracia de ser un halo/ hermosa condición./ Un día de setiembre/ vestida de vida/ la sangre me recorrió el sentimiento/ y descubrió parte de mi espíritu."
Nereida Apaza así nos entrega una parte de su ser convertida en arte y poesía. Con delicados hilos, ella ha creado un hermoso vestido para cubrir nuestras almas ateridas y desnudas . Su obra se alza a lo lejos como una estrella fulgurante y nos eleva lentamente en medio de la noche.



"A mi hermana Rosario, otra vez", esa sería la dedicatoria si escribiría otro cuento titulado "Arcoiris", quizás hasta haría un nuevo libro con siete historias que representen cada uno de sus colores. En mi primer libro, la historia comienza así: "La cebada está creciendo hermosamente, pronto amarillentará y cortaremos la espiga. Será la primera vez que lo hagamos y la sola idea de trillar los granos me llena de alegría. A veces me asusta las constantes lluvias de enero, sobre todo los truenos que amenazan con fuertes tormentas, pero después todo resulta ser una falsa alarma; las gotas apenas humedecen la tierra y en el cielo un brioso arcoiris se franquea mucho antes que anochezca."