viernes, 25 de septiembre de 2009

LEVITACIONES EN PARÍS

Nereida Apaza es una joven pintora arequipeña que ya ha obtenido varios premios en su trayectoria artística. Precisamente el año 2007 fue una de las ganadoras del concurso "Pasaporte para un artista" organizado por la Alianza Francesa a nivel nacional. El premio consistió en un viaje a Francia, una gran puerta de entrada para el viejo continente. Muchos escritores y artistas, como Mariátegui, han dicho que su mejor aprendizaje lo hicieron en Europa. No sé si ello también es válido para ella, pero sin duda ese viaje ha debido ser muy significativo en su formación.
Producto de ese viaje es que ahora ella nos ofrece una exposición denominada "Levitaciones en París" en homenaje a su padre, el profesor Edgar Apaza Flores, quien falleció al poco tiempo que ella retornara de su viaje. El dolor por la pérdida de su progenitor y el vacío que significó su partida es lo que expresa en cada de los objetos que forman parte de su original muestra.
Además de un políptico en acuarela y un tríptico con hilo, la artista plástica nos ofrece una escultura, un concreto armado, un cuaderno en técnica mixta y dos ensamblajes. Uno de estos últimos lleva el título "El pensamiento no sabe nada", que representa un tendedero con cinco secadores bordados que contienen diferentes textos escritos en París, Milano, Roma, Madrid y Arequipa. Debajo de ellos aparecen cinco lavadores con agua y una regadera blanca. Hay que lavar las penas del alma, parece ser el mensaje que nos quiere transmitir la artista. Con sus propias manos ella ha bordado las palabras: "Esa muerte individual / se alimenta de la verdad/ entonces/ comprendí ese dolor del cuerpo/ del corazón libre/ la gracia de ser un halo/ hermosa condición./ Un día de setiembre/ vestida de vida/ la sangre me recorrió el sentimiento/ y descubrió parte de mi espíritu."
Nereida Apaza así nos entrega una parte de su ser convertida en arte y poesía. Con delicados hilos, ella ha creado un hermoso vestido para cubrir nuestras almas ateridas y desnudas . Su obra se alza a lo lejos como una estrella fulgurante y nos eleva lentamente en medio de la noche.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

FLORES DE SETIEMBRE

Hoy es 23 de setiembre. Simplemente es primavera. Una estación vistosa y colorida. Una flor que se abre en la mañana y un sol que se derrite perfumado. Imperfecta descripción de un tiempo hermoso.
Y las flores para qué sirven? He aquí la pregunta del otoño y el temor secreto del invierno. Oh, bella primavera!, un verano impaciente te espera.

lunes, 21 de septiembre de 2009

SUEÑO CON LA PAZ


Sueño libertad para todos los que están
secuestrados hoy en medio de la selva
y sueño con la paz de mi pueblo desangrado
y con el final de esta injusta guerra
Sueño con tantas cosas que
quiero que sean realidad
sueño con morir de viejo y no de soledad
sueño con ir a trabajar
y mucho más con regresar
cada noche a mi casa
para estar junto a ti
Y que no muera nunca nuestro amor
eso sueño yo
y que se fundan balas para hacer
campanas de libertad
y que no muera nunca nuestro amor
eso sueño yo
Sueño despertar en un mundo sin dolor
pa’que el corazón no sufra más las penas
y sueño caminar por las calles de mi país
y solo encontrar paz...
JUANES

sábado, 19 de septiembre de 2009

ESCRIBIR POR LA MAÑANA


Escribir muy de mañana, aunque sea pocas líneas o unas cuantas palabras, quizá sea el remedio a un terrible sueño como el que tuvo Gregorio Samsa. Convertidos en un insecto, ahogados en el mar, quemados en la hoguera, expulsados del paraíso, etc., pueden ser las imágenes que nos hacen sufrir mientras dormimos. Al despertar queda algo del miedo latente, un grito acallado, un insostenible nudo en la garganta, una necesidad imperiosa de huir, pero hacia dónde? Una ventana en el cuarto, una noche que no se va, un amanecer con un sol oculto. Afuera todos duermen aún. Una palabra basta para dar una pincelada de luz?

Encuentro al fin esta ilustración de Jean Michel Folon sobre La metamorfosis de Kafka, y el siguiente texto: "No entiendo mis imágenes y cada uno es libre de entenderlas como desee. Sólo he tratado de representar mis propios sueños con la esperanza de que, en ellos, otros puedan encontrar los suyos". Entonces cierro mis ojos y sueño que le robo sus sueños.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

MEMENTO MORI (RECUERDA QUE VAS A MORIR)



Bethsabé Huamán Andía ha publicado hace poco su segundo libro de cuentos titulado Memento mori (recuerda que vas a morir) (Lima, chätäro editores, 2009). El primero se llamó Sábado pm y salió bajo el mismo sello editorial. Los dos fueron escritos antes de su viaje a tierras mexicanas donde cursó su maestría en Estudios de Género en el prestigioso Colegio de México.
Se trata de un hermoso libro objeto que recrea el tema de la muerte a lo largo de los siete relatos que lo conforman: la muerte como presentimiento, la muerte del amor, la vejez y la muerte, la muerte poética, la muerte violenta, la muerte física. Lo que varía es el estilo y la forma cómo la aborda. En "Lo que son las cosas", por ejemplo, está presente la ironía, el humor y la fantasía; en "Tantas veces Pedro", la estructura epistolar; en "Poema del manicomio", el lirismo.
La muerte ha sido, pues, uno de los temas más constantes en la literatura, y es que su manto siempre está flotando a la vuelta de la esquina, sobre todo en nuestra sociedad en la que se ha vuelto cotidiana. Escribir sobre ella es como cubrirse por un momento en su manto negro para ennegrecer la página en blanco y darle vida. Octavio Paz dice que el mexicano frecuenta la muerte, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes más favoritos y su amor más permanente. Quizá ésa sea la mejor forma de convivir con ella.
Bethsabé no le teme a la muerte, pero tampoco habla con los muertos. Le sonríe desde lejos, le da vida. Ella nos invita a burlar el destino si éste nos conduce al abismo, al silencio total. En su libro palpita la vida a través de las historias que nos cuenta.

martes, 25 de agosto de 2009

UNA CASA, UN ÁRBOL


Siempre he sentido mucha curiosidad por conocer las casas donde viven las personas más aún si se tratan de escritores. Por eso me fui hasta Aracataca, sentía un gran impulso por visitar el lugar donde nació Gabriel García Márquez. Fue un trayecto muy largo desde Medellín hasta Santa Martha y de ahí al pueblo, donde llegué casi al mediodía. Todos los viajeros habíamos entrado en sopor por el calor intenso que hacía y fue como la antesala para entrar en un mundo alucinante.
Mientras iba recorriendo las calles, pude sentir que el pueblo transmitía el espíritu de Macondo. Los lugares más importantes llevaban los nombres de los personajes de las novelas y cuentos: Biblioteca Municipal "Remedios la bella", Hospital "Luisa Santiaga Márquez Iguarán", la tienda de Catarino, etc., incluso me dijeron que hace poco el alcalde había propuesto que el pueblo se llamara Macondo.
Luego de recorrer más calles con pequeños monumentos con pasajes alusivos a Cien años de soledad, por fin llegamos a la casa del escritor.

No pude creer que lo primero que nos recibió fueron unas hermosas mariposas amarillas que revoloteaban en el jardín exterior, según parece, estas abundan en el lugar porque vi que muchas viviendas también las tenían pintadas en sus frontis.
La casa perteneció a sus abuelos maternos y fue reconstruida hace poco. Forma parte de un extenso terreno donde hay varios compartimientos. Está pintada de color blanco y se distingue de las que están a su alrededor por el tamaño y la forma. En su interior, las habitaciones están vacías pero pronto serán amobladas con objetos que pertenecieron a la familia, es decir se convertirá en todo un museo que revivirá la época cuando García Márquez vivió en Aracataca.

Lo que más me llamó la atención fue el inmenso árbol que está en el patio interior. El guardián nos dijo que se trataba de un Suán que había desplazado al legendario castaño. Sin duda, muchos años después este árbol vendría a la memoria del escritor y ataría ahí a uno de sus más queridos personajes: José Arcadio Buendía. En realidad, nos ató a todos. Ahora somos parte de ese castaño.

viernes, 10 de julio de 2009

ARCOIRIS PARA ROSARIO

"A mi hermana Rosario, otra vez", esa sería la dedicatoria si escribiría otro cuento titulado "Arcoiris", quizás hasta haría un nuevo libro con siete historias que representen cada uno de sus colores. En mi primer libro, la historia comienza así: "La cebada está creciendo hermosamente, pronto amarillentará y cortaremos la espiga. Será la primera vez que lo hagamos y la sola idea de trillar los granos me llena de alegría. A veces me asusta las constantes lluvias de enero, sobre todo los truenos que amenazan con fuertes tormentas, pero después todo resulta ser una falsa alarma; las gotas apenas humedecen la tierra y en el cielo un brioso arcoiris se franquea mucho antes que anochezca."
Después de tiempo he vuelto a leer ese cuento que es el que cierra Objetos de mi tocador, mi primer libro. Me puse a recordar qué me había llevado a escribirlo. Probablemente estaría leyendo alguna biografía de Vincent Van Gogh o tal vez las cartas dirigidas a su hermano Theo, lo cierto que es que llegué a conocer la hermosa historia que hubo entre los dos hermanos. El amor fraterno es quizá uno de los sentimientos más profundos que llegamos a sentir durante nuestra existencia. Considerar a alguien como hermano o hermana, no necesariamente por vínculos de sangre o de religión, es una muestra noble de nuestra capacidad de amar. Dada su ausencia por razones laborales, pensaba en mi hermana Rosario, quería traerla de vuelta a casa a través de una historia, y así surgió "Arcoiris". El título fue producto de una intuición que ahora logro comprender un poco más.
A lo largo de la historia humana, el arco iris ha sido utilizado como un símbolo con variadas significaciones. En particular comparto el significado que le han dado los tibetanos y los cristianos. Para los primeros dicen que representa una imagen positiva que proporciona un estado interior pleno de alegría, fuerza y entusiasmo; para los segundos, simboliza el pacto que Dios hizo con los hombres luego del Diluvio. En ambos casos la esperanza se arquea en el cielo coloreando nuestra vida como un cuadro de Van Gogh.
Al releer ese cuento he sentido que en mi habitación no solo está la silla donde se sienta Vincent, sino hay otra al lado que es para Theo. En una noche estrellada, cuando ambos se vayan a pasear a Arles, llamaré a mi hermana para que nos sentemos en sus sillas y juntas pintemos la noche con los intensos colores del alba.