No hay mejor camino para emprender otros caminos que los libros. Un libro nos conduce a otro, y este a otro y así sucesivamente: la intertextualidad ad infinitum.
Yo casi acababa de leer París no se acaba nunca de Enrique Vila-Matas cuando ya tenía en mi cabecera París era una fiesta de Hemingway. Este lo leí durante la semana, lo terminé ayer y me siento feliz.
Este libro es un híbrido de ficción y realidad, relata la vida de Hemingway en los años veinte, cuando se iniciaba como escritor y trabajaba como reportero para una revista canadiense. Estaba enamorado de su primera esposa, pero sobre todo andaba enamorado de la vida parisiense, de la inevitable atracción que sentían los escritores por esa ciudad. Su amistad con Gertrude Stein, Ezra Pound y Scott Fitzgerald es vital en esos años de formación, de bohemia pero también de férrea disciplina.
En la última página del libro, el viejo Hemingway escribió: "París no se acaba nunca, y el recuerdo de cada persona que ha vivivo allí es distinto del recuerdo de cualquier otra. Siempre hemos vuelto, estuviéramos donde estuviéramos, y sin importarnos lo trabajoso o lo fácil que fuera llegar allí. París siempre valía la pena, y uno recibía siempre algo a trueque de lo que allí dejaba. Yo he hablado de París según era en los primeros tiempos, cuando éramos muy pobres muy felices".
Estas palabras finales de Hemingway me han hecho sentirme plenamente identificada con él, París no se acaba nunca. Uno lleva a París dentro con nuestros propios recuerdos. El recuerdo de mi hermana, de la gente, del metro, de la torre, de los puentes, del Sena... todo bulle en mi cabeza. París me recuerda que hay que escribir París, es decir que hay que escribir la vida.
jueves, 3 de febrero de 2011
martes, 25 de enero de 2011
PARIS NO SE ACABA NUNCA
Hay libros que uno lee sin parar, en cuestión de días o tal vez horas. Eso me pasó con "París no se acaba nunca" del escritor español Enrique Vila-Matas. Empecé a leerlo más por la nostalgia que me entró cuando vi la foto de la portada del libro: un hombre sentado sobre una banca en un puente que atraviesa el Sena.
Hace unos meses fui una caminante que atravesaba esos puentes extasiada por la tranquilidad de ese río. De haber encontrado una banca en medio de él, me habría sentado a escribir por lo menos el título de alguna historia, por ejemplo, "Los puentes de París". Quizá hubiera escrito una historia de amor, inspirada en los candados incrustados en las barandas de esos puentes, dicen que son de las parejas enamoradas que graban ahí sus nombres o iniciales, después lo cierran y lanzan la llave al agua. Creen que su amor, así, perdurará eternamente.
Más allá de los puentes, París es una ciudad eterna. Con razón Vila-Matas llamó así a su libro, París no se acaba nunca. Este libro es un híbrido como tantos otros que ha producido ese escritor. Una mezcla de novela, memoria y conferencia. "¿Soy conferencia o novela? Dios, qué pregunta. Disculpen ustedes. Parece que regresé a los días en que era joven, vivía en París y estaba desesperado y no paraba de hacerme preguntas."- dice el narrador en una de las páginas iniciales. Con un tono irónico va contando su estancia en París en los años 60 y 70. Su obsesiva idea de parecerse a Hemingway, lo lleva a reflexionar sobre la obra del escritor norteamericano y su famosa teoría del iceberg, de lo no dicho, lo sobreentendido y la alusión; pero sobre todo lo lleva a cuestionar la felicidad que sintió Hemingway cuando escribió "París era una fiesta", cuyo último capítulo precisamente se titula como el libro de Vila-Matas, para quien París estaba lejos de ser un país festivo, era una ciudad gris como él. Por eso las últimas palabras del libro son: "... en París siempre llovía y hacía frío y había poca luz y mucha niebla. Y es tan gris, añadió mi madre, supongo refiriéndose a mí".
Todas las ciudades que uno va conociendo a lo largo de nuestras vidas dejan un recuerdo nostálgico, pero hay unas que especialmente han sido creadas para llevarlas siempre, por eso volvería otra vez a París con mi candado y desde uno de sus bellos puentes lanzaría al Sena la llave de mi corazón.
Hace unos meses fui una caminante que atravesaba esos puentes extasiada por la tranquilidad de ese río. De haber encontrado una banca en medio de él, me habría sentado a escribir por lo menos el título de alguna historia, por ejemplo, "Los puentes de París". Quizá hubiera escrito una historia de amor, inspirada en los candados incrustados en las barandas de esos puentes, dicen que son de las parejas enamoradas que graban ahí sus nombres o iniciales, después lo cierran y lanzan la llave al agua. Creen que su amor, así, perdurará eternamente.
Todas las ciudades que uno va conociendo a lo largo de nuestras vidas dejan un recuerdo nostálgico, pero hay unas que especialmente han sido creadas para llevarlas siempre, por eso volvería otra vez a París con mi candado y desde uno de sus bellos puentes lanzaría al Sena la llave de mi corazón.
martes, 4 de enero de 2011
FLORES AMARILLAS
Entre las cábalas más frecuentes para recibir el Año Nuevo está el vestirse de amarillo o adornar la casa con flores de ese mismo color. No es que sea supersticiosa pero en los últimos años me han traído mucha suerte, así que decidí esperar el 2011 siguiendo ese mismo rito.
El último día del 2010 caminé por un parque donde vi estas flores que aparecen en la foto. Se veían muy lindas. Obviamente no arranqué ninguna. Me hicieron recordar todas las flores amarillas que alisté en los últimos años para mi mesa. El año anterior fueron unas hermosas rosas amarillas que luego conservé por un buen tiempo en mi sala. Cuando vivía con mis padres, ellos preferían los crisantemos. Pienso ahora en los claveles, los gladiolos, los tulipanes, los lirios, todos ellos amarillos. Será acaso que estas flores no son un rayito de sol en nuestras vidas?, o mejor aún, una esperanza cálida que alegra nuestros corazones.
El último día del 2010 caminé por un parque donde vi estas flores que aparecen en la foto. Se veían muy lindas. Obviamente no arranqué ninguna. Me hicieron recordar todas las flores amarillas que alisté en los últimos años para mi mesa. El año anterior fueron unas hermosas rosas amarillas que luego conservé por un buen tiempo en mi sala. Cuando vivía con mis padres, ellos preferían los crisantemos. Pienso ahora en los claveles, los gladiolos, los tulipanes, los lirios, todos ellos amarillos. Será acaso que estas flores no son un rayito de sol en nuestras vidas?, o mejor aún, una esperanza cálida que alegra nuestros corazones.
jueves, 30 de diciembre de 2010
DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE CORRER
Hace algunos meses mi hermana Bertha me regaló "De qué hablo cuando hablo de correr" de Haruki Murakami por mi cumpleaños. Me lo dio cuando llegamos a Milán en setiembre. Lo había conseguido en una librería de Barcelona en junio y lo tenía guardado hasta cuando yo llegara a visitarla. Lo comencé a leer apenas emprendimos el viaje hacia Venecia. Acomodada en un asiento del tren que nos llevaba esa tarde, disfruté sin medida las primeras páginas de ese libro, me hizo recordar la época cuando salía a correr y escribí en ese entonces un cuento titulado "Después de la carrera".
Sucede antes de las seis, así comenzaba mi relato. En efecto, todo sucede antes de las seis de la mañana, como hoy, que me puse mis zapatillas y emprendí mi recorrido a lo largo de la metropolitana que bordea los rieles del tren. El aire fresco penetra por doquier por mi nariz, acelera mi respiración, impulsa mis piernas al incesante movimiento, a veces acaricia mi rostro y otras se estrella removiendo mi cabello. La gente que corre por mi lado también tiene decidida una meta a llegar, un tiempo por cumplir, una lucha contra el cansancio. Recuerdo algunas frases de Murakami en el trayecto en las que decía que uno mismo era su propio competidor, y ahora que he encontrado la cita exacta la avalo totalmente: "Lo importante es ir superándose, aunque solo sea un poco, con respecto al día anterior. Porque si hay un contrincante al que debes vencer en una carrera de larga distancia, ese no es otro que el tú de ayer".
Sucede que mi ayer es hoy, cuando comienzo otra vez la carrera; mañana entonces sí tendré un tiempo y un espacio que superar, mañana otra vez volveré a respirar la libertad.
Sucede antes de las seis, así comenzaba mi relato. En efecto, todo sucede antes de las seis de la mañana, como hoy, que me puse mis zapatillas y emprendí mi recorrido a lo largo de la metropolitana que bordea los rieles del tren. El aire fresco penetra por doquier por mi nariz, acelera mi respiración, impulsa mis piernas al incesante movimiento, a veces acaricia mi rostro y otras se estrella removiendo mi cabello. La gente que corre por mi lado también tiene decidida una meta a llegar, un tiempo por cumplir, una lucha contra el cansancio. Recuerdo algunas frases de Murakami en el trayecto en las que decía que uno mismo era su propio competidor, y ahora que he encontrado la cita exacta la avalo totalmente: "Lo importante es ir superándose, aunque solo sea un poco, con respecto al día anterior. Porque si hay un contrincante al que debes vencer en una carrera de larga distancia, ese no es otro que el tú de ayer".
Sucede que mi ayer es hoy, cuando comienzo otra vez la carrera; mañana entonces sí tendré un tiempo y un espacio que superar, mañana otra vez volveré a respirar la libertad.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
martes, 23 de noviembre de 2010
lunes, 1 de noviembre de 2010
LEER COMER REZAR AMAR
Han transcurrido más de dos semanas desde que tuve entre mis manos Comer rezar amar. Después de llegar al capítulo 108, el último, solo puedo decir que yo agregaría un cuarto verbo y lo pondría al inicio del título para que quede así: Leer comer rezar amar. Leer este libro ha sido una de las experiencias más maravillosas que he tenido, porque me ha permitido compartir un sentimiento que vive en mí con gran intensidad: el amor.
He sido la compañera de viaje de Elizabeth Gilbert, la protagonista, en su búsqueda del placer, la devoción y el equilibrio. Con ella he reído, he llorado, he visto lugares espectaculares, he conocido gente de todo tipo, he rezado, he sentido estar en la mano de Dios; pero también he encontrado a alguien más que me ha acompañado en este viaje, alguien que leía conmigo esta historia en inglés Eat pray love y lo hacía desde el otro lado del hemisferio. Es increíble cómo un libro sirve de puente para unir a las personas. Ahora somos dos lectores que nos hemos convertido en los felices protagonistas de una nueva historia.
Cada página nos llevaba a lugares cada vez más lejanos Italia, India e Indonesia, hasta encontrar al fin la felicidad. "¿Por qué me habré pasado la vida buscando la felicidad cuando tenía la dicha tan cerca?", se pregunta Elizabeth en una parte del libro. Al sentir que ella forma parte de Dios, que Él está en ella, comprende entonces que la felicidad estaba dentro de sí misma, solo basta mirar las cosas con el corazón para que brote un amor tan infinito como el universo, o solo basta decir a alguien "attraversiamo", crucemos al otro lado, el de la verdadera felicidad.
Por todo ello recomiendo per tutti, a todo el mundo, en especial a los viajeros que buscan ser felices, leer Comer rezar amar, que es una excelente guía para encontrarla.
He sido la compañera de viaje de Elizabeth Gilbert, la protagonista, en su búsqueda del placer, la devoción y el equilibrio. Con ella he reído, he llorado, he visto lugares espectaculares, he conocido gente de todo tipo, he rezado, he sentido estar en la mano de Dios; pero también he encontrado a alguien más que me ha acompañado en este viaje, alguien que leía conmigo esta historia en inglés Eat pray love y lo hacía desde el otro lado del hemisferio. Es increíble cómo un libro sirve de puente para unir a las personas. Ahora somos dos lectores que nos hemos convertido en los felices protagonistas de una nueva historia.
Cada página nos llevaba a lugares cada vez más lejanos Italia, India e Indonesia, hasta encontrar al fin la felicidad. "¿Por qué me habré pasado la vida buscando la felicidad cuando tenía la dicha tan cerca?", se pregunta Elizabeth en una parte del libro. Al sentir que ella forma parte de Dios, que Él está en ella, comprende entonces que la felicidad estaba dentro de sí misma, solo basta mirar las cosas con el corazón para que brote un amor tan infinito como el universo, o solo basta decir a alguien "attraversiamo", crucemos al otro lado, el de la verdadera felicidad.
Por todo ello recomiendo per tutti, a todo el mundo, en especial a los viajeros que buscan ser felices, leer Comer rezar amar, que es una excelente guía para encontrarla.
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