lunes, 9 de febrero de 2009

PALOMAS DE LA VIDA




En la Plaza de Armas de Arequipa, las palomas abundan por doquier. Sus cuerpecillos grises y robustos me recuerdan a las esculturas de Fernando Botero que están en una plaza pública de Medellín. Según me contaron, hace más de una década, cuando se realizaba el famoso Festival de Poesía en esa bella ciudad, una bomba destruyó la escultura que el artista había donado a los colombianos y lo que es peor había quitado la vida a más de veinte personas. Años después, Botero volvió a donar otra paloma escultural, que actualmente se exhibe junto a la otra paloma destruida. Ambas representan ahora la lucha de este pueblo por lograr una paz definitiva. Hoy en Medellín verdea la esperanza.
Sin duda alguna, el arte no solo cambia de rostro a una ciudad, sino contribuye sobremanera a crear una cultura de paz, porque permite volver a crearnos nuevamente a pesar de nuestras continuas destrucciones.

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